Qué difíciles son
las despedidas.
Y me refiero
a saber soltarse de esa mano
que nos sujetaba
incluso de lejos
y nos levantaba al caer
y nos hacía volar
y nos acercaba las ganas
y nos acariciaba los sueños.

Todos sabemos de lo que hablo:
decir adiós,
pero un adiós resuelto
y tan brillante y luminoso
que eclipse el alma encogida…
sabiendo que,
el día que de nuevo
os crucéis por el mundo
(y pasará,
porque el destino es así de
perdón– cabrón),
no serás ya capaz de
sostener la mirada,
no sea que tus ojos color miel
revelen noches de frío
y miedos y hiel.

Adiós. Y este ocaso
no te enredes en mi almohada.
No aparezcas, no te cruces.
Que no pueda encontrarte
por mucho que me busques.
Me prometiste cuidarme;
a ver si ahora lo cumples.
Hazlo por mí,
o por nosotros.
Vete. Vuela. Corre. Huye.

Déjame el camino libre.
Que no te vea en un gesto
ni te oiga en una canción.
Que no te abrace en un sueño.
Que no haya palabras que me hablen de ti.
Que nadie me pregunte que
de qué nos conocemos.
Que nadie se dé cuenta
de que somos y seremos
un cuento para no dormir.
“Vano fantasma”. Mi desvelo.

Y, sin embargo,
si me alejo demasiado,
si me pierdes de vista,
si me silbas y no me vuelvo,
piensa que quizá
me he perdido y no recuerdo
el camino de regreso
a tus brazos o a tu vida,
o que ando por ahí
despistada (entretenida)
inventándome otros senderos
hacia ninguna parte.
Alcánzame, y no me sigas.

Vente. Vuela. Corre. O huye.
Pero –eso sí– espabila.
Y te dedicaré una métrica rota
y unos versos sin rima.
No preguntes. Llena el vacío
de historias, llantos, alas, sonrisas.
Respuestas. Disparos. Esperas.
Al lado del mar. No hay prisa.
Arenas, miradas, naufragios.
Relámpagos, libros, sombrillas.
Toallas de colores. Cartas arrugadas.
No hay nada… Fue todo (¿todo?) mentira.

Te asalta la duda.
Te miro. Me miras.
Te alejas.
Reabres la herida.
Déjà vu… Conozco esta escena;
hoy no la repitas,
que no tengo tiempo ni ganas
ni fuerzas
para tonterías.

Me alejo. Te acercas.
(Pero… tú, ¿no te ibas?)
Me besas. (¡Sorpresa!)
El mar nos arrulla; arrecia la brisa.
Recuerda: los besos de sal…
detienen el mundo y son salvavidas:
aunque al principio escueza,
aguanta: luego todo cicatriza.

Siempre,
* Car

Todos los derechos reservados.

Anuncios